Pocas cosas son tan habituales en una familia con niños como una camiseta con salsa de tomate al terminar la cena. La mancha es de un color naranja intenso, se extiende con facilidad y, si se deja para el día siguiente, parece formar parte de la tela. La buena noticia es que, si se actúa a tiempo y con un poco de paciencia, casi siempre se puede quitar.
Lo primero es retirar el exceso. Con el dorso de una cuchara o con un trozo de papel de cocina, levanta con cuidado la salsa que haya quedado sobre la tela, sin empujarla hacia dentro. Frotar es el error más común, porque extiende la mancha y la mete entre las fibras, donde es mucho más difícil de sacar.
Agua fría, jabón y paciencia
Pasa la mancha por agua fría, por el revés de la prenda, para que la salsa salga por donde ha entrado. El agua caliente fija la grasa y el color del tomate, así que conviene evitarla en este primer paso. Repite el enjuague varias veces hasta que el agua salga casi clara.
Después aplica un poco de jabón líquido suave o de detergente sobre la mancha y trabájalo con los dedos con movimientos suaves, de fuera hacia dentro. Deja actuar un rato y aclara con agua fría. Mira la tela a la luz para comprobar si queda una sombra anaranjada y, si es así, repite el proceso sin prisa.
Para las manchas más rebeldes, puedes probar un quitamanchas más fuerte, pero pruébalo antes en un sitio que no se vea, por ejemplo en el interior de una costura, para comprobar cómo reaccionan la tela y el color. No mezcles nunca productos distintos entre sí, porque el resultado puede dañar el tejido y no siempre es seguro. Es mejor usar un solo producto cada vez.
Si la prenda es clara, el sol puede ayudar a aclarar los últimos restos anaranjados. Con las prendas de color, en cambio, conviene secarlas a la sombra.
No metas la prenda en la secadora hasta que la mancha haya desaparecido del todo. El calor fijaría los restos de tomate y haría casi imposible quitarlos después. Mira la tela con buena luz antes de secarla y repite el tratamiento si todavía se nota.
Para evitar sustos, pon un babero o una servilleta grande a los pequeños y tápate tú también cuando cocines con salsa. Un delantal ligero sirve para protegerte a ti y a los niños que ayudan en la cocina, y así la cena termina sin lavadoras de urgencia.