Enseñar a un adolescente a lavar su propia ropa

Ilustración de un paisaje

Llega un momento en que los hijos ya no son niños, y una de las mejores cosas que se pueden hacer por ellos es enseñarles a cuidar de su propia ropa. Poner una lavadora no es difícil, pero requiere conocer unos pasos básicos. Si se aprende en casa, con calma y sin presión, después será una tarea que se hace sin dramas.

Empieza por explicar lo esencial: separar la ropa por colores, mirar las etiquetas y vaciar los bolsillos. Muéstrale dónde están las instrucciones de lavado y qué significan los símbolos más comunes. Si comete algún error, como mezclar una prenda roja con la ropa blanca, aprovecha para explicar por qué ocurre y cómo se puede evitar la próxima vez.

Los pasos, uno a uno

Después, enséñale cómo cargar la lavadora sin llenarla demasiado, cómo usar el detergente en la cantidad que indica el envase y cómo elegir el programa. Al principio, hazlo con él, paso a paso, y luego déjale hacerlo solo mientras estás cerca por si necesita ayuda. Pégale junto a la máquina una nota con los pasos principales.

Muéstrale también cómo tender la ropa para que se seque bien, con espacio entre las prendas y las camisetas colgadas por los hombros o por el bajo. Explícale que algunas prendas, como los jerséis de lana, se secan mejor en plano, y que otras no deben ir a la secadora. Es una buena oportunidad para hablar de cómo cuidar la ropa.

Doblar la ropa y guardarla es la última parte del proceso. Si el adolescente se encarga de ello, aprenderá a valorar el trabajo que supone mantener limpio el armario. Puedes acordar con él un día fijo de la semana para la colada, de modo que se convierta en una rutina sin recordatorios constantes.

Ten paciencia con los primeros fallos. Una camiseta que encoge o un calcetín que se pierde forman parte del aprendizaje, y lo importante es que se anime a probar de nuevo. Reconoce sus avances y evita corregirlo delante de otros, porque a esa edad las críticas pesan más de lo que parece.

Cuando sepa lavar, secar y guardar su ropa, habrá ganado una autonomía muy práctica. Tú tendrás menos trabajo, y él se sentirá más seguro, más responsable y preparado para cuando viva por su cuenta.