Sentarse en un banco o en un escalón y levantarse con un chicle pegado al pantalón es una escena muy común en la infancia. La goma se extiende, se mete en el tejido y forma una costra pegajosa que parece imposible de despegar. Sin embargo, con unos pocos pasos y un poco de paciencia se puede quitar casi por completo, sin cortar la tela.
El principio es sencillo: cuando el chicle está frío, se endurece y se despega con mucha más facilidad. No lo estires ni lo frotes, porque solo conseguirás meterlo más entre los hilos. Lo primero es decidir cómo enfriarlo, y tienes varias opciones prácticas en casa.
Endurecerlo y despegarlo
La forma más cómoda es meter la prenda en una bolsa y dejarla un rato en el congelador. Si no cabe, puedes poner sobre el chicle unos cubitos de hielo envueltos en una bolsa, hasta que se ponga duro. Cuando esté frío, no esperes demasiado, porque el calor del ambiente lo ablandará de nuevo.
Con el borde de una cuchara o un cuchillo sin filo, levanta el chicle desde un lado y tira despacio. Trabaja con cuidado, para no romper los hilos de la tela. Si se rompe en trozos, sigue retirando los pedazos hasta que quede solo una película fina en la superficie.
Los restos que quedan se pueden tratar con un poco de jabón y agua tibia. Frota suavemente con un cepillo de dientes viejo, siempre en la dirección de las fibras. Si la mancha es de un chicle de color, puede quedar una sombra que necesita algún tratamiento más.
Para eliminar los restos más difíciles, se puede probar un quitamanchas, pero siempre en un sitio escondido de la prenda, como el interior de la costura. Sigue las instrucciones del envase y no mezcles nunca dos productos distintos, porque podrían dañar el tejido o ser peligrosos.
Antes de lavar la prenda en la lavadora, comprueba que no queda ningún resto de chicle, porque el calor lo derretiría y lo extendería a otras prendas. Nunca la metas en la secadora sin haber revisado la tela. Y para el futuro, pide a los niños que tiren el chicle en una papelera y no lo guarden en los bolsillos.