Con un bebé en casa, la ropa se mancha varias veces al día. La leche que se escapa de la boca, lo que devuelve después de comer y las babas dejan marcas en los hombros, en los baberos y en el pecho de quien lo sostiene. Aunque parezca una lucha perdida, con unas cuantas costumbres sencillas se puede mantener la ropa limpia y sin olores.
Lo más importante es aclarar cuanto antes. Si la leche se seca en la tela, produce un olor agrio y deja una mancha amarillenta que cuesta más de quitar. En cuanto puedas, pasa la prenda por agua fría, por el revés, y deja que el agua arrastre los restos hacia fuera. No uses agua caliente, porque fijaría las proteínas de la leche.
Lavar con suavidad
Después de aclarar, lava la prenda con un detergente suave, que no tenga un olor fuerte. La piel de los más pequeños es delicada y se irrita con facilidad, así que conviene evitar productos demasiado perfumados. Si la mancha sigue visible, deja la prenda en remojo en agua fría con un poco de jabón y repite el aclarado.
Si necesitas un producto más fuerte, prueba primero en una zona escondida, como el interior de una costura, para ver cómo reacciona la tela. No mezcles nunca productos entre sí, porque el resultado puede dañar la prenda. Un solo producto cada vez, con paciencia, suele bastar para recuperar los baberos y las camisetas.
El sol también ayuda a eliminar manchas amarillas de leche. Tiende la ropa al aire libre, con la mancha hacia arriba, y deja que la luz haga su trabajo. Muchas veces las prendas claras recuperan su color natural después de una tarde de sol, sin necesidad de más tratamientos.
Para el día a día, ten a mano varios baberos y unas gasas o paños de tela, que se pueden poner sobre el hombro antes de coger al bebé en brazos. Así la ropa queda protegida y solo hay que cambiar el paño, no toda la prenda. Cuando el paño se ensucie, ponlo en un cubo aparte hasta el momento del lavado.
Con estas costumbres, la ropa del bebé dura más y se mantiene agradable. Y tú ganas algo de tranquilidad, porque una mancha de leche deja de ser un problema grave y pasa a ser una simple tarea más de la colada.